13 de Mayo 2011


RAPUNZEL

El caballero se acercó lentamente hacia la torre. Era una torre de piedra de siete pisos de altura construida en forma circular. En el último piso se podía distinguir un balcón.

El hombre dio un rodeo por la zona y no encontró ninguna puerta. Debía ser la primera vez que construían un edificio para que la gente no entrase en él. Eso le animó a intentar escalarlo. Escupió sobre sus manos e inició la escalada.

Cuando llevaba un cuarto del recorrido, se resbaló y se cayó. El golpe le hizo daño en una pierna.

El grito hizo que se asomara un rostro por el balcón. Era una chica preciosa, de tez blanca y grandes ojos azules. Tenía las mejillas sonrojadas y unos carnosos labios rojos.

¿Estás bien?- preguntó.
Sí. Me duele un poco la pierna - respondió el joven.
¿Has venido a rescatarme?
Mmm... claro - dijo él. Al fin y al cabo, sonaba eso mejor que decir que quería entrar en la torre para robar todo aquello que hubiese en su interior.
- Sube por aquí- dijo ella mientras le tendía una enorme melena rubia que llegaba hasta el suelo.

Él subió con cuidado, pero en ningún momento notó gritos de dolor de la chica, así que cogió fuerzas y trepó de una vez. No sólo iba a quedarse con el gran tesoro que había en su interior, sino que se quedaría con la chavala que estaba buena un rato.

La habitación era grande, como de una princesa. Había varios armarios y un tocador, y una cama enorme que ocupaba el gran centro de la sala. Protegido por unas cuantas cortinas de seda, se podía discernir la figura de la chica que estaba coquetamente sentada sobre él.

El chico se acercó. Retiró una de las cortinas y vio a la chica desnuda cuya larga melena recorría su cuerpo y lo protegía desde el punto de vista de la decencia.

- Mi héroe- dijo ella con voz pícara. Subieron varios grados la temperatura.
- Emmm, hola. ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
- ¿Por qué no hablamos mientras te quitas la ropa, campeón? Llevo tanta tiempo sin un hombre...-suspiró.

El chaval no se lo pensó dos veces. Se quitó la ropa en tiempo récord y se tiró sobre el lecho. Ella se apoyó sobre él. Le sonrió. Él a ella también. Y antes de que se diera cuenta, en la sonrisa de ella aparecieron un montón de dientes muy afilados y sus ojos se inyectaron en sangre. No tuvo ninguna posibilidad.

Ella tiró los restos del chaval por el balcón. Otro gilipollas que caía en su trampa. Su padre le había encerrado en la torre hacía muchos años. ¿Por qué coño creían que estaba ahí encerrada? Era una tía muy peligrosa. Aun así, muchos jóvenes idiotas iban periódicamente para rescatarla. ¿Rescatarla? Era a ellos a los que debían rescatar.

Se echó sobre la cama y esperó que llegase otro tonto.

Un beso.

Escrito por Jake|13 de Mayo 2011 a las 07:41 AM|


Comentarios

He conocido a un par de esas. Afortunadamente, soy demasiado vago como para intentar escalar despues de la primera caída.

El Replicante es MaY|13 de Mayo 2011 a las 10:40 AM

Ya se sabe: la vaguería salva vidas

El Replicante es Jake|13 de Mayo 2011 a las 01:25 PM

Y me pregunto yo, si la chica tiene el pelo tan largo ¿por qué no lo ata al balcón y desciende por su propio pelo?

El Replicante es Inagotable|16 de Mayo 2011 a las 09:35 AM

A lo mejor le dan miedo las alturas.

El Replicante es Jake|16 de Mayo 2011 a las 11:54 AM


¡Al ataque!










¿Debo recordarte?